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Científicos colombianos en el área de Ciencias Sociales y Humanas

Augusto Gómez López

Publicado el:: 14-12-2005

Caucho, quina, enfermedad, colonización, misiones y petróleo, son algunos de los temas que durante 30 años le han permitido al antropólogo Augusto Gómez López darle el estatus de objeto histórico a la Amazonia colombiana. Su mirada amplia y el rigor con las fuentes documentales, le valieron en el año 2005 el Premio Alejandro Ángel Escobar a la mejor investigación en Ciencias Sociales.

Augusto Gómez López
Perfil elaborado en octubre de 2005

Augusto Gómez López, profesor del Departamento de Antropología de la Universidad Nacional e investigador del Centro de Estudios Sociales (CES) de la misma institución, es considerado hoy uno de los grandes conocedores de los archivos coloniales y republicanos del país. Sus colegas destacan su disciplina y el agudo olfato que lo ha llevado a encontrar información inédita para la escritura de la historia de Colombia.

Sin embargo, no se trata de un perfil reciente. A los escasos 22 años, Augusto Gómez ya se había convertido en uno de los lectores de documentos del siglo XVII más reconocidos del Archivo Central del Cauca. Tanto así que Germán Colmenares y Guido Barona, dos de los padres de la Historia en Colombia, se disputaban sus servicios. Lo curioso de esa parte de su vida es que la paleografía, disciplina que se ocupa de la interpretación de manuscritos antiguos, se le había presentado por pura casualidad.

Gómez había tenido que abandonar Bogotá en la década del 70 para estudiar antropología en Popayán. Se encontraba completamente solo, en una ciudad desconocida y con las múltiples necesidades del alumno de universidad pública. Era urgente que consiguiera un trabajo y la opción se la dio el profesor del Departamento de Historia de la Universidad del Cauca, Guido Barona, quien lo contrató como su asistente aunque viniera de otra disciplina.

Aprendió a leer nuevamente de su mano, pero esta vez se trataba de asimilar los trazos, el lenguaje, la sintaxis y la escasa puntuación de los escribanos de la época colonial. Con Barona se introdujo en la historia social y económica del país a través de temas como la esclavitud y la minería, que marcarían un derrotero para sus propias pesquisas después.

Quizás sean pocos los investigadores sociales que por su profesionalismo hayan tenido la oportunidad de contar con el mecenazgo de intelectuales tan prestigiosos. Pero en el caso de Augusto Gómez la lista no paró ahí, a Guido Barona se sumaron después Germán Colmenares, Jorge Palacios Preciado, Roberto Pineda y Virginia Gutiérrez de Pineda, gracias a los cuales ocupó cargos tan destacados como la dirección de investigaciones del Archivo General de la Nación, una plaza en el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh) y varias cátedras en la Universidad Javeriana. Su periplo de postgrado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), en Ecuador, por la Escuela Taller Iberoamericana de Archivos de España y por la Universidad de la Florida, en Estados Unidos, también obedecen a esos nexos académicos que ha tejido a lo largo del tiempo.

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Pasado que llama

La inclinación de Augusto Gómez por las Ciencias Sociales no fue gratuita. Por una parte, se encontraba el mundo académico-político que había conocido a comienzos de los años 60 gracias al ajedrez, pues en la parroquia del Divino Salvador en Bogotá, siendo aún estudiante de bachillerato, se reunía con amigos sociólogos, filósofos y literatos para jugar y discutir sobre marxismo, nación y cultura. Pero por otro lado estaba la historia de su pasado infantil, que se negaba a ser opacada por los libros.

Uno de los recuerdos más latentes de su niñez en Ibagué, ciudad de la que salió desplazado con sus padres hacia el año 1960, es un helicóptero del Ejército, que bajaba justo en el cementerio aledaño a su casa y descargaba decenas de hombres vestidos de caqui, con bigote y muertos aparentemente con arma de fuego. Aquella era una escena propia de la violencia partidista de los años 50 y los cadáveres pertenecían a los "bandoleros", como se le conocía a los guerrilleros liberales.

Esas imágenes lo llevan cada cuanto a periodos de desintoxicación intelectual en los que deja atrás la Colonia y la República para producir textos como Los pájaros, los sicarios y los paramilitares: los grupos de justicia privada o la privatización de la justicia oficial, en los que analiza el fenómeno de las extremas derechas del país.

No obstante, la Amazonia ha sido el tema que realmente lo ha trasnochado desde los años en que asistía a Guido Barona y a Germán Colmenares en el Archivo Central de Cauca y cuando debía presentar un proyecto de tesis para graduarse de antropólogo. En aquella época se introdujo en la espesa selva para investigar el uso de las plantas curativas entre los indígenas, pero hasta hoy ha recorrido desde la influencia de los misioneros en la colonización, hasta los impactos de las fiebres del caucho, la quina, el oro y el petróleo.

Este versátil investigador no tiene problema en saltar de un cómodo archivo con documentos coloniales a una maloca tucano. En sus ires y venires escribió, entre otros, los libros Caucherías y conflicto colombo peruano: testimonios, 1904 - 1934; Amazonia colombiana: enfermedades y epidemias. Un estudio de bioantropología histórica, del que es coautor y con el que obtuvo el Premio Nacional de Antropología en 1998; y Putumayo: indios, misión, colonos y conflictos, 1845-1970, trabajo con el que se graduó como doctor en Historia en la Universidad Nacional de Colombia y que lo hizo acreedor al Premio Alejandro Ángel Escobar a las Ciencias Sociales en el 2005.

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Reconstrucción de la memoria

Su experiencia con fuentes documentales para la historia de la Amazonia y el trabajo de campo realizado en plena selva para numerosos estudios fueron la carta de presentación para participar en el concurso "Generación 125 años" de la Universidad Nacional en 1994. Con el respaldo del antropólogo Guillermo Páramo, quien era rector en esa época, Augusto Gómez hizo parte de los docentes que ayudaron a crear la sede Leticia y el Instituto Amazónico de Investigaciones (Imani).

El interés de Gómez por la historia de la Amazonia estuvo ligado desde un comienzo a la colonización llanera, que dio lugar a producciones como La guerra de exterminio contra los grupos indígenas cazadores - recolectores de los Llanos Orientales S. XIX y XX; y Las sociedades indígenas de los Llanos: sistemas económicos y características socio-culturales.

Pero quizás uno de los trabajos más bellos del académico sea el que emprendió desde la década del 90 con su maestro Guido Barona y con Camilo Domínguez, también del CES de la Nacional, para recuperar el legado que Agustín Codazzi dejó en el siglo XIX con la Comisión Corográfica. 

En 1859 las memorias de esta gran expedición, diseñada para conocer las riquezas humanas y naturales del territorio colombiano, se dispersaron por el mundo ante la intempestiva muerte de Codazzi. Pero estos tres mosqueteros de la historia estaban decididos a recuperarlas para darle lugar a una colección de libros de lujo, ambientados con hermosos mapas e ilustraciones de la época. El primero que publicaron fue el de Caquetá, pero el que más llena de orgullo a Augusto Gómez es el de las antiguas provincias de Bogotá, pues ahí está comprendido su natal Ibagué.
 
Otra obra que recuerda con especial cariño fue la realizada para el Fondo "José Celestino Mutis", de la Financiera Eléctrica Nacional (FEN), sobre los Caminos Reales de Colombia, también con Camilo Domínguez y Guido Barona. Dicha iniciativa buscaba dar una visión histórica muy completa del país, propósito al que se sumó la Serie Colombia FEN, en la que se publicaron trabajos sobre el Orinoco y el Pacífico, pero que se liquidó justo cuando los investigadores se proponían escribir sobre las subregiones de los andes colombianos.

{* title=Academia con responsabilidad social}
Academia con responsabilidad social

Augusto Gómez escribió su primer libro sobre la Amazonia en 1990 y diversos artículos, ponencias y textos completos han sido producidos por su pluma desde entonces. Colegas como Arístides Ramos, profesor de la Maestría en Historia de la Universidad Javeriana, señalan que "su trabajo sobre frontera, misiones y  poblamiento es sin duda paradigmático". Con toda seguridad el académico ha sido citado en diversas obras y goza de prestigio en su círculo, pero hoy, justo en la cumbre de su carrera, ha decidido dejar de escribir para los intelectuales, y a cambio devolverle a las comunidades de la Amazonia y el Llano el conocimiento al que desinteresadamente le permitieron acceder años atrás.

Esa decisión se ve reflejada en una obra interdisciplinaria que pretende ser una historia general del Putumayo, dirigida a los maestros de los antiguos territorios nacionales (intendencias y comisarías) y que comprende geografía, misiones, migraciones, suelos, fauna, flora, oro, petróleo y Plan Colombia. "Hay un reclamo en las regiones y es que los investigadores van allá, se vuelven famosos con lo que escriben, pero no dejan un instrumento para las comunidades. No hay textos de historia, de geografía, de medio ambiente, y ese es el vacío que queremos llenar".

Los dos tomos de la obra, escritos por reconocidos académicos del país, están a punto de ser publicados, pero Augusto Gómez no para de trabajar. Su oficina en la Universidad Nacional está invadida por cajas con cientos de documentos inéditos a los que tuvo acceso recientemente y que son clasificados por él y sus alumnos con la finalidad de hacer un trabajo similar al del Putumayo, pero ahora con el Vaupés.
Según explica el historiador, esos documentos también le servirán para cumplir el mayor sueño asociado a su pasado: hacer un libro sobre la historia de La Violencia, "que no pretende superar las obras de Umaña Luna o Gonzalo Sánchez, pero que sí tendrá el valor agregado de basarse en documentos del Ministerio de Gobierno de las décadas del 50 al 70 y de los que el país no sabía nada hasta ahora".

Otra gran ambición, mucho más avanzada que la anterior, es dejarle a sus estudiantes un catálogo de 20 volúmenes sobre las fuentes documentales para la historia de la Amazonia, de los cuales ya ha escrito cinco. Ello se debe a que a lo largo de sus 51 años ha tenido la oportunidad de explorar fondos completos del Archivo Central del Cauca, del Arzobispal de Popayán, del Archivo General de la Nación y de pares en Quito, Washington y Barcelona. "Esa será una forma de seguir auspiciando la investigación y creando esperanza". 

Gabriel Cabrera, antropólogo amigo de Gómez, sostiene que la obra de este investigador "es una conjugación magistral entre antropología e historia, matizada siempre con una preocupación presente por los pueblos indígenas y la forma como han sido afectados por la colonización y la explotación de los recursos naturales". Precisamente, con la certeza de que "la riqueza se nos convierte en tragedia", hoy Augusto Gómez teme por el futuro de quienes habitan la selva, pues "se viene una nueva fiebre: la del petróleo, atravesada por los intereses estadounidenses".

Quizás en unos años ese tema sea otro objeto de investigación que enriquezca su amplia mirada del país y nos ayude a entender que a pesar de que siempre ha estado ahí, la Amazonia también ha sido un espacio construido. Pero sobre todo, reafirmará su lección acerca de que la selva es responsabilidad de todos los colombianos, quienes no le deben seguir dando la espalda.