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Científicos colombianos en el área de Ciencias Sociales y Humanas

Guillermo Hoyos

Publicado el:: 16-12-2004

Sus cuantiosos aportes a la reflexión sobre la educación superior en Colombia, un amplio reconocimiento en la comunidad académica internacional y la consolidación como maestro excepcional, hacen de Guillermo Hoyos uno de los humanistas más valorados por las nuevas generaciones de pensadores del país.

Guillermo Hoyos
Perfil elaborado en noviembre de 2004

A pesar de que es una creencia popular que los filósofos son teóricos en esencia, Guillermo Hoyos Vásquez, director del Instituto Pensar de la Universidad Javeriana, ha demostrado a lo largo de su vida que la filosofía también es cuestión de práctica. Ello se ha reflejado en su papel como investigador, docente de cuatro de las universidades más reconocidas del país, colaborador de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura, y partícipe de iniciativas académicas internacionales como la Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía.

Para este intelectual, su disciplina tiene múltiples presencias en la vida cotidiana de los ciudadanos, una de las más evidentes en la educación, tema que ha sido su principal preocupación académica. Quizás por esa razón su trabajo en el Consejo Nacional de Acreditación (CNA) desde el año 2000 ha estado enfocado, según la socióloga Myriam Henao, a proponer un ethos que permita ejercer la autonomía universitaria con responsabilidad, compromiso y como una garantía del derecho ciudadano de contar con una educación superior de reconocida calidad tanto para el ámbito nacional como para el internacional.

Sus esfuerzos en ese sentido, también desde la Comisión de Maestría y Doctorado y el Consejo Nacional de Estudios Científicos de la Educación de Colciencias, le han valido el reconocimiento como uno de los orientadores más importantes de la educación superior en Colombia, quien además es en sí mismo ejemplo de excelencia.

Así lo confirman las dos distinciones como profesor emérito y las cinco como docente excepcional que le otorgó la Universidad Nacional de Colombia antes de su jubilación en el año 2000 y "la capacidad de enseñar con independencia e ingenio cuestiones muy difíciles de entender", que según Iván Trujillo, uno de sus amigos más cercanos, le han permitido a Hoyos granjearse no sólo la amistad sino también la admiración de sus estudiantes.

{mospagebrGuillermo Hoyos, paisa de nacimiento pero cachaco de modo y acento, recuerda que su inclinación profesional estuvo ligada desde los 17 años al colegio del Sagrado Corazón de Santa Rosa de Viterbo (Boyacá), en el que se formaban los integrantes de la Compañía de Jesús.
El énfasis en humanidades clásicas y la huella de maestros como Manuel Briceño Jáuregui, que lo acercaron a los griegos y a los latinos, fueron determinantes para definir su camino intelectual, tanto como el paso por el Colegio Máximo de Bogotá, en el que aprendería a "respetar" las ciencias básicas de la mano de Carlos Ortiz, Lorenzo Uribe y Emilio Ramírez, "científicos jesuitas muy importantes para el país", señala Hoyos.

Años después, el paso por la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá para profundizar en las humanidades clásicas e iniciar su formación filosófica, y un viaje a Alemania para formarse en el pensamiento teológico de la época del Concilio Vaticano II, lo ubicarían definitivamente en su disciplina, desde una perspectiva multicultural, marcada por el ecumenismo del momento, la teología protestante y el debate en torno a la guerra y al holocausto.

Por esa razón, en 1967, cuando culminó sus estudios de teología en Frankfurt y se ordenó como sacerdote, ingresó becado por el Servicio de Intercambio Académico Alemán (DAAD) a la Universidad de Colonia para adentrarse aún más en la filosofía, la romanística y la teología. Desde entonces autores como Husserl han influido con más intensidad en su pensamiento.

Para la tesis doctoral escogió precisamente a ese teórico, que considera se caracteriza por su rigor epistemológico. "De él son conocidas las investigaciones lógicas, la filosofía como ciencia estricta, las ideas y los planteamientos sobre la crisis de las ciencias europeas".

Dichos temas le indicaban que Husserl podía acercarse a la filosofía de la ciencia, una de las pasiones de Hoyos, pero "afortunadamente no fue así", señala, porque la fenomenología lo llevaría al campo en el que mejor se siente: la filosofía moral. 

En su paso por Colonia tuvo la oportunidad de ampliar las lecturas en torno a una corriente que era muy importante en la Alemania de entonces, la Escuela de Frankfurt o teoría crítica de la sociedad, conocida por autores como Adorno y Marcuse. A través de ellos se acercó a la obra de uno de los cerebros más jóvenes de la Escuela, Jürgen Habermas, cuyos planteamientos ha seguido hasta hoy y le han dado la oportunidad de dialogar frecuentemente con el pensamiento moral y político contemporáneo.

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Filosofía para el diálogo

La década de los años 70 la vivió, así como muchos intelectuales de la época, con una fuerte conciencia política y social que convergía con la academia. Al regresar de Europa se vinculó de tiempo completo a la Universidad Javeriana e ingresó como colaborador del entonces Centro de Investigación y Acción Social CIAS, de la Compañía de Jesús, hoy Centro de Investigación y Educación Popular CINEP, "un lugar con marcado compromiso por el cambio de las estructuras políticas del país", recuerda.

Seguramente el acercamiento a una Colombia convulsa, de desigualdades sociales, luchas populares y reivindicaciones políticas, y a un activismo intelectual permeado por la teología de la liberación lo hayan llevado luego a cumplir un papel protagónico en la búsqueda de la paz nacional como miembro de la Comisión de Verificación de los Acuerdos de Paz en el gobierno de Belisario Betancourt y de la Comisión del Diálogo Nacional en 1984 y 1985.

La reconciliación, como proyecto educativo alcanzable desde una concepción filosófica, ha sido una inquietud constante en su carrera, que se expresa en publicaciones como Derechos humanos, ética y moral; Apuntes filosóficos para motivar la paz en Colombia; y Las negociaciones de cara a la sociedad civil. Esas reflexiones hacen parte de una extensa producción editorial del académico, que pasa de los cinco libros y más de cien artículos.

La solidez de sus planteamientos, el rigor académico, la escuela que creó durante años de docencia en las universidades Javeriana, Nacional, Rosario y Los Andes -cuando ya se había retirado del sacerdocio- , así como su notable facilidad para comunicarse con pares patrios y extranjeros, le fueron abriendo camino en la comunidad mundial de filósofos.

A pesar de que se considera muy hispano, por su cercanía a académicos como Javier Muguerza, "primera espada en filosofía moral y política de España", sus relaciones se extienden a Alemania y América Latina. A ello ha contribuido la Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía, una iniciativa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid, la Universidad Autónoma de México y el Centro de Investigaciones Filosóficas de Buenos Aires, a la que Guillermo Hoyos está vinculado como integrante del comité académico.

A través de este espacio "para pensar en español", que busca integrar a todas las comunidades filosóficas de habla hispana en torno a 35 volúmenes que tratan temas como la ética, la racionalidad, la filosofía política, la estética y las cuestiones metafísicas, ha entrado en contacto con pensadores como Ernesto Garzón Valdes, de Argentina; Elías Díaz y Pedro Cerezo, de España; Luis Villoro y Juliana González, de México; David Sobrevilla, de Perú; Humberto Giannini, de Chile; y José Baratta Moura, de Portugal.

Guillermo Hoyos se define como una persona que se siente bien enseñando filosofía, "un maestro apasionado, muy entusiasta, a veces menos riguroso de lo acostumbrado y considerado por algunos como meramente divulgador". Su última empresa va en esta línea: "están apareciendo los primeros libros y cuadernos de la colección Educación en Valores, editados por Octaedro y la OEI en Barcelona para toda Iberoamérica, bajo la dirección de Miguel Martínez de la Universidad de Barcelona y mía".

Su relación con los estudiantes está dada por el propósito de ponerlos en contacto con la tradición filosófica de Occidente, desde su propia pertenencia social y cultural. "Una persona que avance en filosofía conmigo debería poder comprender siquiera a un gran clásico, Kant, Hegel, Husserl. Se trata de una actividad dialogal con el autor, que se lea y se pueda discutir con los colegas y ojalá en público".

Su sueño es que la filosofía sea apropiada al menos por el ciudadano culto, pero en lo posible por el ciudadano contemporáneo. Pues si se acepta su idea de que la educación es en esencia comunicación, como señala Habermas, ella facilitaría el camino hacia la reconciliación que tanto necesita Colombia, "un proceso en el que el filósofo, preguntando y sugiriendo, afinaría el diálogo".